QUE CRUELDAD...


http://blogs.elpais.com/vientos-de-brasil/2012/04/carta-de-un-elefante-al-rey-de-espana-.html

gracias por permitirnos compartir estos textos en nuestro blog escolar.

Carta de un elefante al Rey de España- Los tristes precios de la muerte

Por:  18 de abril de 2012

LOS PRECIOS DE LA MUERTE
Entre los comentarios recibidos en este post, un lector me envía los precios de la Agencia de Viajes del Corte Inglés, para darse el gusto de matar en algunos países de África, a toda una lista de animales como lo ha hecho el Rey Juan Carlos con los elefantes.
Además de la repugnancia personal que tales ofertas me merecen, algo que me ha tocado particularmente la atención  es la frialdad con la que se presentan los precios para matarles, así como algunas particularidades del contrato. Por ejemplo, en caso de no conseguir matar a un elefante o a un león o a un babuino o a una pobre y bella jirafa dejándolos sólo heridos “con sangre” hay que pagar una multa.
Me han dado un cierto escalofrío los precios para matar elefantes. A uno pequeñito se le puede matar hasta por 9.000 euros. Y al mayor de todos, como los del Rey , por 70.000 euros.
Jirafa
Matar una jirafa vale 2.200 euros
Matar una esbelta jirafa vale sólo 2.200 euros y lo que considero más increíble es que el animal más barato de sacrificar a tiros es justamente, el más cercano a los humanos, del que según la teoría de la evolución vendríamos nosotros los inteligentes Homo Sapiens. Me refiero al babuino, cuya muerte vale sólo 350 euros.
Babuino en Uganda 9Africa)Matar un babuino vale sólo 350 euros
Para los leones, al parecer el precio varía si se prefiere matar un macho o una hembra. No dicen los que valen esas muertes. Debe ser un precio alto.
Mientras la agencia presenta los precios de los animales según el peso y la medida, lo que no indica en ningún lugar es el precio del dolor inútil infligido caprichosamente a esos maravillosos e inocentes animales.





Elefante con su cría



CARTA DEL ELEFANTE

Señor Rey de España:

Soy un elefante de Botsuana, el país africano en el que me dicen que su Majestad ha estado recientemente para descansar de sus fatigas, cazándonos en un safari. Los elefantes somos mansos, aunque fieros cuando nos atacan. También nuestros dioses, los de la sabana, son dioses buenos, no vengativos, aunque sí celosos de sus habitantes.

Quizás por ello, han querido preservar su vida, importante para su país,  aunque han querido advertirle con su caída y sus fracturas en el campamento desde donde salía para cazarnos, que sería mejor ya para su Majestad que ha  vivido ya más de lo que vivimos uno de nosotros, dedicase su tiempo a otras cosas, en vez de venir a matarnos.

Por ejemplo a seguir a esa España que se está desmoronando económicamente, a ese 52% de jóvenes que sufren el aguijón del paro después de tantos años de estudios, o simplemente a disfrutar de ver a los animales correr y divertirse en su habitad natural, pero sin escopetas, con las manos vacías o llenas de flores.

Nosotros sabemos que no ha hecho nada ilegal viniendo y pagando muchos miles de euros para matar a uno de los nuestros. Se lo permiten las leyes de mi país. Para muchos, matar gratuitamente animales es como lo era antiguamente cazar a lazo a los negros o indios para esclavizarlos.

 ¿Pero basta que algo sea legal para realizarlo? Existen también las leyes del corazón, no escritas, las de los sentimientos humanos, que dicen por cierto que son superiores a los nuestros y existen ciertos ejemplos que un Rey debe ofrecer de su vida incluso privada.

Su Majestad, desde su primer discurso como Rey, afirmó que quería serlo de todos los españoles. Yo sé que en España hay aún mucha gente que no se importa de ver sufrir o morir a los animales y que hasta se divierte observándolo. Pero existen también millones, sobretodo de jóvenes, que aman a los animales, que quieren protegerles y conviven con ellos. A esos millones de españoles, no creo que les guste especialmente la imagen de su Rey llegando a esta África, que es nuestro territorio, escopeta al hombro, para distraerse disparándonos sin que podamos defendernos.

 Nos han dicho, Majestad, que posee una de las mejores colecciones de escopetas de caza que existen. ¿Podemos hacerle una sugerencia? Haga de ellas un museo y anuncie a los españoles, que su Rey ya no va a matar a ningún animal y que los años que aún le queden de existencia- que le deseamos sean aún muchos más de los que nosotros vivimos, los va a dedicar a distraerse a favor de la vida y no de la muerte.

  Elefantes con su cría
Sabemos que nosotros, los elefantes, como el resto de los animales, no tenemos derechos. Nacemos para ser cazados y muertos. Pero queremos recordarle que nosotros no hacemos mal a nadie. Somos sensibles y humildes y hasta nos parecemos a ustedes los Homo Sapiens. Dicen los zoólogos que somos de los pocos animales que respetamos a nuestros difuntos y de los pocos que saben reconocerse, como los humanos, en un espejo.

    Es verdad que quizás para ustedes los humanos los elefantes seamos inútiles, no somos indispensables para nada, pero, no por ello deben tener el derecho de matarnos. También las monarquías hoy- y lo digo con todo el respeto- aparecen inútiles para muchos y no por eso se hace la caza a los reyes y reinas.
  
Y hablando de reinas, nos gustaría saber qué piensa su discreta y querida reina Sofía de su amor por la caza de elefantes. Ella como mujer y como madre, debe saber que en nuestra organización en la sabana, vivimos un reino matriarcal. Ellas, las elefantas, organizan y dirigen nuestra comunidad. Son madres amorosas, dan de mamar a sus hijos durante tres y hasta cinco años y sufren como ustedes los humanos cuando se los matan por capricho.

Por último nos gustaría que sus nietos y biznietos, Majestades, un día consiguieran divertirse sin necesidad de venir a África a cazarnos y arrancar nuestros colmillos de marfil para adornar los palacios reales con sus trofeos de muerte. 

Quizás, ni queriendo podrán ya hacerlo porque quedamos sólo 30.000 elefantes en todo el mundo y al ritmo con el que nos matan, sus nietos ya no tendrán como hacerlo, porque habremos sido extintos. Tendrán que conformarse con cazar cucarachas que al parecer tienen un millón de años y resisten hasta a las radiaciones atómicas. Nosotros, no. Somos más grandes, pero más frágiles. Quizás por ello nos amen tanto los niños a los que les gusta divertirse con nosotros. Vivos, no muertos.

Sólo desearle, Majestad, en nombre de nuestros dioses, que se recupere pronto del susto que le hemos dado, que no era para matarle, sino para hacerle pensar que sería mejor para su Majestad, que a la hora de dejar este Planeta, los elefantes que aún estemos vivos, podamos llorar por usted en vez de alegrarnos por haber perdido a un verdugo.

Los vientos de la selva son misteriosos, Majestad. ¿ Por qué no nos regala sus escopetas en vida?
Con respeto y en nombre de todos los elefantes de Botsuana.
Niña con elefante








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